En estos tiempos de especialización, da la sensación de que las disciplinas estuvieran completamente rotas, alejadas unas de otras y hablaran entre sí un lenguaje que sólo ellas entienden. Para polemizar con esta tendencia que los propios sistemas educativos fomentan, proponemos hoy cinco motivos por los cuales los científicos deberían interesarse por textos filosóficos. Quizás alguno se anime a atisbar asuntos que vayan más allá de sus disciplina. Merece la pena, aunque sólo sea por estos motivos.
Porque la ciencia necesita pensar sobre sus límites y su metodología, cuestión más cercana a la filosofía que a la ciencia.
Porque la reflexión en torno al conocimiento humano cuenta con una larga tradición en el terreno filosófico. Basta con seguir las propuestas de muchos filósofos “clásicos” para extraer interesantes y actuales consecuencias en torno a la ciencia.
Porque muchas preguntas científicas son fronterizas con la filosofía, y a menudo los enfoques científicos se adentran en terrenos filosóficos: el origen de la vida y del ser humano, la naturaleza humana, el comportamiento moral…
Porque una ciencia sin filosofía que la acompañe corre el peligro de convertirse en un mito incuestionable.
Porque basta repasar la historia de las diferentes ciencias para tomar conciencia de sus orígenes, más ligados a la filosofía de lo que se pudiera pensar en un principio. Muchos de los grandes protagonistas de la historia de la ciencia han manifestado preocupaciones filosóficas. ¿No será que ciencia y filosofía se necesitan mutuamente?
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